
Desde pequeñas, todas llevamos en nuestro interior una versión más joven de nosotras mismas: nuestra niña interior. Ella guarda nuestras primeras experiencias, las memorias de momentos felices y, muchas veces, las marcas de heridas emocionales. Estas heridas no desaparecen con el tiempo si no las atendemos; más bien, se manifiestan en nuestra vida adulta, afectando nuestras relaciones, decisiones y bienestar emocional.
Hoy quiero acompañarte a explorar cuáles son las heridas más comunes de la niña interior y cómo comenzar el proceso de sanación. Este camino no solo nos libera del peso del pasado, sino que transforma nuestra forma de vivir y amar.
¿Quién es tu niña interior?
Tu niña interior es esa parte de ti que conserva las memorias y emociones de tu infancia. Aunque crezcas, ella siempre estará allí, influyendo en cómo te relacionas contigo misma y con los demás.
Si alguna vez has sentido miedo al abandono, necesidad de aprobación, o dificultad para confiar, es posible que esas emociones estén conectadas con las experiencias de tu infancia. Reconocer la presencia de tu niña interior y escucharla es el primer paso para empezar a sanar.
Las tres heridas emocionales más comunes
A continuación, te comparto las heridas que muchas de nosotras cargamos desde la niñez:
La herida del abandono
Surge cuando, de pequeñas, sentimos que no recibíamos suficiente atención, amor o cuidado. Como adultas, esta herida puede manifestarse como miedo a estar solas, relaciones dependientes o dificultad para establecer límites saludables.
La herida del rechazo
Nace de experiencias en las que nos sentimos rechazadas, criticadas o ignoradas. A menudo, intentamos evitar ese dolor escondiendo quiénes somos o buscando aprobación constante. Puede llevarnos a sentir inseguridad y miedo al fracaso.
La herida de la injusticia
Esta herida ocurre cuando crecimos en un ambiente severo o donde nuestras emociones no eran validadas. En la adultez, puede reflejarse en un perfeccionismo extremo o en una sensación de que siempre tenemos que demostrar nuestro valor.
Reconocer estas heridas no es un signo de debilidad, sino un acto de valentía. Identificarlas nos ayuda a comprendernos mejor y a empezar a construir una relación más amorosa con nosotras mismas.
El impacto de sanar a tu niña interior
Sanar no significa olvidar el pasado, sino liberarnos de las cadenas que esas experiencias han dejado. Es un acto de amor hacia ti misma que te permitirá vivir con más autenticidad, paz y plenitud.
Al iniciar este proceso, te sentirás más conectada contigo misma y con los demás. Aprenderás a poner límites saludables, a expresar tus emociones y a disfrutar de relaciones más armoniosas.
Cómo comenzar a sanar
Aquí tienes algunos pasos prácticos que pueden ayudarte:
- Reconoce a tu niña interior. Dedica tiempo a conectar con ella. Pregúntale: ¿Qué necesitas de mí? ¿Qué te dolió en el pasado?
- Valida sus emociones. Dile que está bien sentirse triste, asustada o enojada. Escuchar sin juzgar es clave.
- Crea un espacio seguro. Puedes hacerlo a través de la escritura, la meditación o actividades que disfrutes. Permítele expresarse libremente.
- Busca apoyo. Hablar con alguien de confianza o trabajar con un terapeuta especializado puede marcar una gran diferencia en tu proceso.
Una invitación a sanar
Este camino no tiene que ser recorrido sola. Si este tema resonó contigo, quiero invitarte a explorar más sobre la sanación de tu niña interior. Puedes comenzar con ejercicios simples, como escribirle una carta o practicar afirmaciones amorosas hacia ti misma.
Recuerda: sanar tu pasado no solo transforma tu vida, también te permite construir un presente más pleno y un futuro lleno de posibilidades.
Si quieres aprender más sobre este tema o necesitas orientación, te invito a dejar un comentario o escribirme. Estoy aquí para acompañarte en este hermoso proceso.
Con todo mi cariño,
Vero Gutiérrez
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